GÉNERO: VISIÓN 50-50
“Mi padre es
doctor y mi madre no trabaja, es ama de casa”, probablemente esta sea una de
las frases más típicas que hemos escuchado, en la que subyace una problemática
llamada brecha de género en muchas de las familias y con el tiempo se ha ido
tomando como normal.
La sociedad ha creado
estereotipos del comportamiento de la mujer en función del género, pensando que ellas deben sentir, pensar y actuar de una manera determinada; estas ideas,
son aprendidas en la casa, escuela, barrio, trabajo, etc; lo cual, ha
ocasionado que culturalmente creamos que el género femenino esté más asociado
con el plano afectivo, el hogar y otras actividades del cuidado doméstico; que
en ser protagonista en otras áreas a nivel profesional.
Según el Informe
Global sobre la Brecha de Género (IGBG) 2018 del Foro Económico Mundial, el
Perú se encuentra en el puesto 52, esto es muy alentador a comparación del año
2016 que estuvimos en el puesto 80 y esto se debe a la mayor participación de
la mujer en la política. Sin embargo, a pesar de
ese avance, el IGBG 2018 ubica al Perú en los puestos 65 en Salud y
supervivencia, 89 en Logro educativo y 94 en participación y oportunidad
económica.
En el Perú, según
el INEI, la brecha se hace más notoria al revisar algunos indicadores, por
ejemplo:
- Aproximadamente el 14% de mujeres entre 15-19años ya es madre o se encuentra embarazada, esta cifra aumenta en el área rural a 23% y en la selva a 25%.
- · En el área rural el 18% de mujeres mayores de 6 años no cuentan nivel educativo, a diferencia de los hombres con tan solo 8%.
- · Un profesional hombre gana en promedio 16% más que una profesional mujer.
- · En cuanto al uso del tiempo, una mujer dedica el 52% de su tiempo de trabajo a las labores domésticas no remuneradas y el hombre solo dedica el 24% de su tiempo a esas actividades.
- · Casi el 60% de las mujeres han sido agredidas por su pareja o expareja.
- · Solo el 19% de los puestos de dirección y jefaturas en los gobiernos regionales es ocupado por mujeres.
Debemos reconocer
que, con el tiempo, el Estado ha realizado políticas públicas para promover
igualdad entre hombres y mujeres en las instituciones, y que ese enfoque esté
presente en todos sus niveles de gestión; incluso existen organismos
internacionales como la ONU, que a través de los objetivos de desarrollo
sostenible (ODS) al 2030, promueven una igualdad de género, garantizando el
respeto de derecho de mujeres y niñas.
Todo lo
mencionado anteriormente, nos invita a reflexionar sobre el rol fundamental de cada
una de las personas, hombres y mujeres, para construir una sociedad mejor, sin
discriminación, ni violencia, más segura y con mayores oportunidades para
todos.
Por último, invito
al lector a preguntarse: ¿Es mi hogar un espacio de respeto y crecimiento para mi
madre, hermana (s) e hija (s)? ¿En mi trabajo se promueve la igualdad de
hombres y mujeres? ¿Se reconoce el valor del rol de la mujer en mi universidad o
colegio? Y, ¿De qué manera contribuyo a ese crecimiento en la equidad de derechos
entre hombres y mujeres? Con estas preguntas, tengo la certeza que podemos iniciar
una visión equitativa, una visión 50-50.


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